PRIMAVERA
Hades, como los demás dioses, deseaba casarse pero temía que ninguna divinidad ni mortal quisiera ir a compartir el lugar en donde él moraba. Cierto día vio a Perséfone, (hija de Zeus y de Démeter) una joven y bella divinidad que nunca había pensado en el matrimonio y cuyo goce mayor era aspirar el perfume de las flores de primavera. Hades solicitó y obtuvo el permiso y la ayuda de Zeus para conseguir a Perséfone, y cuando ésta se hallaba embelesada contemplando los narcisos floridos de una pradera siciliana, Hades hizo brotar del suelo una hermosísima flor que pronto atrajo las miradas de Perséfone. Cuando la diosa quiso arrancarla, se abrió entonces una enorme sima y apareció el propio Hades, que cogió a la joven y acto seguido se la llevó a su palacio.
Démeter salió entonces desconsolada en busca de su queridísima hija y era tal su pena que producía el agotamiento y la esterilidad de los campos. Helio (el Sol) reveló a Démeter como había sido raptada su hija y como ésta se negara a regresar al Olimpo sin verla, intervino el propio Zeus, quien por medio de Hermes, su mensajero, ordenó a Hades que devolviera a la joven. Hades pareció acceder a ello, pero astutamente hizo comer a su amada un grano de una mágica granada; pues quien quiera que hubiese visitado el reino de los muertos y tomando en él un alimento cualquiera regresaría pronto al reino de las sombras.
Con la vuelta de Perséfone, la fertilidad volvió a la tierra. Pero la joven diosa, como consecuencia del fruto comido, tuvo que volver a los Infiernos, se matrimoniaría con Hades y sería nombrada reina suprema de las sombras junto a su esposo. Démeter volvió a suplicar de nuevo a Zeus y entonces el Tonante propuso al dios de los muertos un compromiso que Hades, que era justo pero no cruel, aceptó: durante una época del año Perséfone regresaría junto a su madre y así, con el retorno cíclico de la reina de ultratumba, la naturaleza volvía a recobrar su esplendor, reflejo de la alegría que ello producía en Démeter.
Démeter salió entonces desconsolada en busca de su queridísima hija y era tal su pena que producía el agotamiento y la esterilidad de los campos. Helio (el Sol) reveló a Démeter como había sido raptada su hija y como ésta se negara a regresar al Olimpo sin verla, intervino el propio Zeus, quien por medio de Hermes, su mensajero, ordenó a Hades que devolviera a la joven. Hades pareció acceder a ello, pero astutamente hizo comer a su amada un grano de una mágica granada; pues quien quiera que hubiese visitado el reino de los muertos y tomando en él un alimento cualquiera regresaría pronto al reino de las sombras.
Con la vuelta de Perséfone, la fertilidad volvió a la tierra. Pero la joven diosa, como consecuencia del fruto comido, tuvo que volver a los Infiernos, se matrimoniaría con Hades y sería nombrada reina suprema de las sombras junto a su esposo. Démeter volvió a suplicar de nuevo a Zeus y entonces el Tonante propuso al dios de los muertos un compromiso que Hades, que era justo pero no cruel, aceptó: durante una época del año Perséfone regresaría junto a su madre y así, con el retorno cíclico de la reina de ultratumba, la naturaleza volvía a recobrar su esplendor, reflejo de la alegría que ello producía en Démeter.
