Monday, August 28, 2006

EL BALCÓN

Tandil- 20/08/2006

Tú que engendras recuerdos, oh mi amante de amantes,
¡mi placer eras tú, mis deberes también!
¿No recuerdas lo bellas que eran nuestras caricias,
el calor del hogar y el crepúsculo mágico,
tú que engendras recuerdos, oh mi amante de amantes?

En las noches con luz de carbones ardiendo
y el balcón en la noche entre velos rosados,
¡qué blancura tu pecho, qué bondad el corazón!
A menudo decíamos perdurables palabras
En las noches con luz de carbones ardiendo.

¡Oh, qué hermosos los soles en las noches más cálidas!
¡Qué profundo el espacio y qué brioso el amor!
Acercándome a ti, soberana de amadas,
yo creía aspirar de tu sangre el perfume.
¡Oh, qué hermosos los soles en las noches más cálidas!

Se espesaba la noche cual si fuera un tabique
y en lo oscuro mis ojos descubrían los tuyos,
y bebía tu aliento, ¡oh dulzura, oh veneno!
Y tus pies se dormían en mis manos fraternas.
Se espesaba la noche cual si fuera un tabique.

Yo sé cómo evocar los instantes felices
y revivo mi ayer en tu dulce regazo.
¿Para qué ir a buscar tu hermosura más lánguida
si aquí tengo tu cuerpo y tu fiel corazón?
Yo sé cómo evocar los instantes felices.

Las promesas, perfumes y los besos eternos
¿volverán de un abismo que parece insondable
como ascienden al cielo renovados los soles
tras haberse lavado en los mares profundos?
¡Oh, promesas! ¡Perfumes! ¡Oh, los besos eternos!

Charles Baudelaire.

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